PALABRAS PARA EL CAMINO

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Ser cristiano es ir de camino. El Papa Francisco nos dice: “Dios nos quiere de pie… y caminando”.

Vamos de camino, siguiendo las huellas de Jesús, para encontrarlo a él y hacernos sus discípulos, y de esta manera realizar en nuestra vida lo mejor posible, el sueño que Dios Padre tuvo al crearnos como sus hijos. El sueño que Jesús nos reveló en su persona y en su vida, en su ser y en su quehacer en el mundo, con sus obras y con sus palabras, en perfecta coherencia y fidelidad al Padre, amando y sirviendo a todas las personas con quienes se encontraba, hasta la entrega de su vida en la cruz.

Este constante caminar no es fácil. Todo lo contrario: es una tarea exigente desde todo punto de vista. Y muchas veces, más de las que quisiéramos, sentimos que las fuerzas nos abandonan, que nos falta el aliento, y que en cualquier momento vamos a desfallecer. Entonces tenemos que detenernos para beber agua fresca, tomar algún alimento, descansar un poco y volver a ponernos en forma para reemprender la marcha, fortalecidos y renovados, hacia la meta que buscamos con decisión y valentía.

El libro que tienes en tus manos, querido lector, quiere ser precisamente esto: agua fresca para calmar tu sed, alimento nutritivo para fortalecer tu espíritu, lugar de reflexión tranquila y sosegada, fuente de inspiración y de motivación, para ayudarte a seguir el camino que ya has emprendido, con anhelo renovado. Un punto de apoyo, una luz que ilumina la ruta en los momentos de oscuridad, una guía que señala los peligros que hay que evitar.

Igual que tú, en mi propio caminar por la vida al encuentro de Jesús, he vivido momentos de luz y momentos de oscuridad, días claros y noches tempestuosas, situaciones en las que ha sido fácil tomar decisiones y encarar sus consecuencias, y circunstancias verdaderamente difíciles de enfrentar, alegrías y tristezas, victorias y fracasos. Esta experiencia me ha mostrado que nunca sobra una palabra de aliento, dicha con cariño y bondad. Todo lo contrario. Las necesitamos continuamente, porque el camino es largo y muchos los obstáculos que tenemos que superar, para conseguir lo que deseamos, para llegar a la meta que anhelamos: hacernos verdaderos discípulos de Jesús, fieles y coherentes como él, abiertos al amor misericordioso que el Padre derrama a manos llenas en nuestro corazón y en nuestra vida, iluminados y fortalecidos por el Espíritu Santo que es su gran don.

Esta es mi palabra para ti.

Matilde Eugenia Pérez Tamayo

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