EL PAPA FRANCISCO NOS HABLA AL CORAZÓN N. 3 – TEMAS SOCIALES

el-papa-en-lesbos-17

DESCÁRGALO AQUÍ:

EL PAPA FRANCISCO NOS HABLA AL CORAZÓN N. 3 – TEMAS SOCIALES PDF

EL PAPA FRANCISCO NOS HABLA AL CORAZÓN N. 3 – TEMAS SOCIALES DOC

Sin lugar a dudas, el Papa Francisco es un profeta de nuestro tiempo. Cuando escuchamos sus palabras o leemos sus homilías, catequesis, mensajes y discursos, encontramos con facilidad los dos elementos fundamentales de toda profecía: el anuncio y la denuncia.

Anuncio claro, consistente y recurrente, de la verdad de Dios, uno y trino. De la verdad de la Iglesia, Esposa de Cristo y comunidad de salvación. Y de la verdad del ser humano, imagen y semejanza de Dios que lo creó, y lo acogió como su hijo muy querido.

Denuncia igualmente clara y consistente, de las injusticias de nuestra sociedad egoísta y vana, que, en contraposición elocuente al proyecto de Dios, margina y rechaza sin compasión a los más pobres y débiles, a quien es diferente, y a quien, simplemente, “no da la medida” de lo que ella pide y exige, a quien no es “productivo”.

Ambas: anuncio y denuncia, son perfectamente compatibles, no sólo con su misión de Pastor de la Iglesia Universal, sino también, con su condición particular de jesuíta, “compañero de Jesús”, que tiene como motivación y tarea el “servicio de la fe y la promoción de la justicia”, que hacen posible la construcción del Reino de Dios, que Jesús vino a instaurar entre nosotros.

Que sea esta una oportunidad para acercarnos al pensamiento social del Papa Francisco, que coinicide plenamente con la Doctrina Social de la Iglesia, de larga tradición, pero que él hace especialmente cercana a nosotros, con su lenguaje claro y altamente significativo, y también con sus gestos de bondad, mansedumbre, humildad y cercanía, que llenan su cotidianidad y no dejan de sorprendernos.

En cada paso que da, en cada gesto, en cada palabra, el Papa Francisco nos está diciendo que creer en Jesús y seguirlo, que es lo propio de nuestra condición de cristianos católicos, no es simplemente, aceptar ciegamente unas verdades, sostener a pie juntillas unos dogmas, vivir según unas reglas, sino también, y de manera muy especial, sentirnos hijos de un mismo Padre, hermanos los unos de los otros, y obrar como tales, manifestando en cada palabra y en cada acción nuestra, que estamos abiertos y disponibles a compartir con todos los hombres y mujeres de la tierra, el amor que recibimos de Dios y los bienes y riquezas, materiales y espirituales, que Él nos comunica.